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ISSN 2014-1475

Un discurso autorizado sobre el montaje audiovisual

Joan Marimón Pedrosa, Profesor de Montaje de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, reseña el libro “Editing and Montage in International Film and Video: Theory and Technique”, de Luís Fernando Morales Morante (Focal Press, 2017 / ISBN-13: 978-1138244085 / ISBN-10: 1138244082).

 

El crecimiento verdaderamente vertiginoso de la postproducción en los últimos años hace ya no conveniente sino imprescindible que voces lúcidas cuenten lo que está sucediendo. El audiovisual es el lenguaje más poderoso de todos los tiempos, la herramienta más rápida, eficaz e invasiva de transmisión de información y de emoción. Un fenómeno que ha alterado la vida del ser humano en el grado más alto, y desde la llamada revolución digital de los años noventa el acento ha caído en el montaje, también llamado edición o postproducción (el primer capítulo de este libro, que serviría también como diccionario, está dedicado a definir qué significa exactamente cada uno de los términos que lo engloban). La relevancia del montaje, hoy en día una práctica de uso doméstico –alcanzándose así una utopía de los años sesenta que afirmaba que en el futuro todos deberían acceder al audiovisual- no tiene todavía su correspondencia en discursos autorizados que analicen la trascendencia de esta disciplina. De ahí que este texto sea especialmente bienvenido.

La mirada de Fernando Morales abarca desde los niveles más técnicos hasta los de mayor contenido intelectual. Su ambición no es sino la más alta posible: quiere abarcarlo todo, sin el menor temor. “Editing and Montage in International Film and Video: theory and technique” es uno de los manuales en inglés más completos que pueden encontrarse en el mercado en estos tiempos de bombardeo indiscriminado de textos demasiado puntuales y especializados. Una feliz “summa” del conocimiento del concepto de montaje. No por ello renuncia a ser un libro de autor, ya que Fernando Morales ofrece toda la información, histórica, técnica o teórica y aporta luego su visión personal. Así ocurre por ejemplo con el capítulo primero, dedicado a definir el término de montaje y sus variantes o con el capítulo segundo dedicado a las teorías del montaje (vale la pena destacar la capacidad de síntesis y la inmejorable selección de aquellas teorías que mayor repercusión han tomado a través del tiempo): el autor describe, esquematiza y aclara desde los asequibles Lev Kuleshov y Rudolf Arnheim hasta el semiótico Christian Metz, sin descuidar en el capítulo quinto una razonada clasificación propia.

Tal vez lo que llama la atención y actúa como uno de los hechos diferenciales de este texto respecto de otros es la cantidad, calidad didáctica y diversidad de los gráficos (las “secuencias, imágenes y gráficos” en terminología del autor), la mayoría de producción propia, en los que combina dibujos, fotografía y textos. Son relativamente esperables los que hablan de la ley del eje, la de los 30 grados y las posiciones más recomendables para la realización, pero el lector va a encontrar gráficos para cualquiera de los conceptos en danza. Unos cuantos son de índole histórica, como los correspondientes a los extraídos de Mosfilm para el capítulo dedicado al cine soviético (cuyos cineastas –Eisenstein, Vertov, Pudovkin, Kuleshov- desplegaron un entusiasmo sobre el montaje que debería haberse mantenido en todas las generaciones posteriores de cualquier país; sin duda el autor de este texto mantiene viva la llama). Muchos de los gráficos y tablas, como las compilaciones de la técnica de los sistemas de montaje o la evolución de los formatos de vídeo analógico y digital, son una joya como para entretenerse y reflexionar sobre la historia del cine desde la tecnología. Y para calibrar cómo técnica y narrativa audiovisual componen un todo que no debería nunca ir desligado.

Uno de los capítulos más interesantes por lo que se refiere a la generosidad analítica del autor es el octavo, en el que aborda el comentario de diversos tipos de secuencias, sin olvidarse de las más llamémosle humildes (como la noticia de una huelga de profesores en Madrid), que suelen obviarse en los manuales donde sólo se consideran las grandiosas obras maestras del cine mudo. Fernando Morales toca secuencias de acción –peleas y persecuciones en largometrajes y series de televisión-, secuencias dramáticas dialogadas, spots publicitarios, reportajes televisivos, videoclips e incluso piezas de animación infantil (otra de las asignaturas pendientes de la gran literatura cinematográfica). El autor desmenuza, analiza, sugiere y recomienda acompañándose en cada uno de los casos de un apoyo visual pocas veces visto en libros de montaje.

Los dos últimos capítulos no deberían ser una sorpresa en un texto que no quiere olvidarse de nada, pero vale la pena constatar que son inhabituales en la bibliografía regular de montaje. Actúan en cierto modo como una especie de bonificación o premio para el lector, a manera de giro de guión por haber escogido este libro: los experimentos de percepción llevados a cabo no por cineastas sino por científicos desde los años setenta hasta el presente. Así, el autor nos permite conocer desde el trabajo de Julian Hochberg y los psicólogos cognitivistas de los años setenta hasta los experimentos desarrollados ya en el siglo XXI sobre efectos emocionales y de atención. Todo un campo abierto al futuro que da una medida de lo que falta aún por explorar en el universo infinito del audiovisual. Capítulos que son toda una inspiración para el amante más ambicioso del montaje.

La naturaleza de profesor de Morales Morante se manifiesta en la propuesta de ejercicios al final de la mayoría de capítulos, a los que denomina “ejercicios de autoaprendizaje”. La variedad y coherencia de los enunciados a llevar a la práctica desvelan no sólo una de las condiciones del autor –un profesor teórico-práctico que ha experimentado una y otra vez estos ejercicios con sus alumnos de distintas generaciones, como si fuera un actor que ha hecho mil veces los bolos de una obra de teatro, perfeccionando su performance en cada nueva sesión- sino el objetivo último de este libro: el estudiante. No sólo él, desde luego, cualquier amante del cine puede acercarse a este texto, pero el objetivo primordial de Fernando Morales es la persona joven que siente el impulso de conocer y ponerse a trabajar. Para ese estudiante joven –es decir, para cualquiera de nosotros- este libro es la herramienta ideal.