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ISSN 2014-1475

Directiva Europea de Servicios de Comunicación Audiovisual: flexibilidad y autorregulación

Petra Kammerevert, co-ponente del Parlamento Europeo de la revisión de la Directiva de Servicios de Comunicación Audiovisual, presentó el 21 de abril de 2017 el proyecto legislativo en una jornada organizada en Barcelona. Amparo Huertas, directora del InCom-UAB, escribe una crónica del encuentro, organizado por la Oficina del Parlamento Europeo en Barcelona.

 

La legislación europea en materia audiovisual es un reto en el más amplio sentido de la palabra: los continuos avances tecnológicos provocan que las leyes queden rápidamente anticuadas; la diversidad y volumen de agentes implicados genera un cúmulo de necesidades y demandas que son contradictorias en muchas ocasiones; y la creación de una identidad europea choca con los intereses de las naciones estado. No obstante, todos los ponentes dieron a entender que es urgente sumar esfuerzos para consensuar una nueva Directiva como parte de la estrategia que persigue un Mercado Único Digital.

“No tiene sentido que la radiodifusión de televisión, el video a la carta y los contenidos generados por los usuarios actualmente estén sujetos a normas diferentes y se den distintos niveles de protección al consumidor”. Así se expone como punto de partida en uno de los documentos elaborados por el Parlamento Europeo. En consecuencia, el ámbito de actuación de la directiva se amplia. Por primera vez se incluyen las plataformas en línea y ya no se habla de “programa” sino de “elemento unitario”.

El periodista Carles Prats, responsable del Grupo de Trabajo de Medios Públicos en el Col·legi de Periodistes de Catalunya, fue el moderador de la jornada. Desde el primer momento, dejó claro el alcance de la materia a tratar. Prats destacó la necesidad de regular la competencia, pero sin menoscabar el pluralismo, y de establecer cuotas mínimas de emisión de producción europea así como límites horarios para una publicidad claramente identificada como tal. El periodista defendió también la protección del consumidor en relación a cuestiones como el derecho a la privacidad y el respeto a la dignidad.

A continuación, fue el turno de la protagonista de la jornada, la eurodiputada Petra Kammerevert, co-ponente en el Parlamento Europeo de la revisión de la directiva y presidenta de la Comisión de Cultura y Educación. Kammerevert fue contundente en su discurso. Más de mil enmiendas ha recibido la propuesta, lo que ella interpreta como un reflejo del enorme interés. Sus rápidas respuestas a las preguntas hechas desde la sala dieron cuenta de las largas discusiones que han debido de haber detrás de cada idea, pero, aunque lo intentó disimular, también se hizo muy evidente el peso de la legislación alemana como referente, como cuando planteó la posibilidad de que las plataformas de video contribuyan de alguna manera a la financiación del cine tomando como punto de apoyo que eso ya lo hacen las salas de exhibición en Alemania.


Autorregulación regulada

La necesidad de autorregulación fue una de las ideas más redundantes, apoyada en la intención de garantizar la flexibilidad. Petra Kammerevert destacó la importancia de aprobar códigos de conducta para ayudar en ese proceso y Madeleine de Cock Buning, presidenta del European Regulators Group for Audiovisual Media Service (ERGA), señaló que, desde su entidad, ya han creado lo que han dado en llamar “kit de herramientas para reguladores”.




Las plataformas de intercambio de videos, como YouTube, Dailymotion o Vimeo, son cada vez más importantes en la formación de la opinión pública, por lo que se ha de buscar fórmulas para su autorregulación. La eurodiputada aclaró que “no se ha de controlar internet, ya que eso sería una intervención criticable. Se trata de contrarrestar los malos usos”. Kammerevert hizo especial énfasis en la publicidad, empezando por facilitar que los públicos la identifiquen fácilmente, esté en el formato que esté. Para explicarse, puso como ejemplo los tutoriales que hoy encontramos en Youtube donde el contenido comercial puede pasar desapercibido.

Pero, junto a la autorregulación, otro término tuvo bastante protagonismo, la autocorregulación. Dada la convergencia mediática, parece imprescindible trabajar en este sentido. No obstante, y así lo expuso Charo Fernando, subdirectora general de la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial (Autocontrol), la cuestión no es tan sencilla. Charo Fernando indicó que, en términos generales, la industria no parece haber entendido en qué consiste la corregulación y también planteó dudas, dada la diversidad de los Estados, de la efectividad de los códigos de conducta europeos. Kammerevert respondió defendiendo la “autorregulación regulada”, en la que el legislador se reserve el derecho a intervenir cuando la autorregulación no garantice la protección. Sea como sea, los ponentes que participaron asintieron cuando se puntualizó que los reguladores nacionales tienen mucho trabajo por hacer.


Promoción de las obras europeas

Frente a la cuota de emisión de producción europea del 50% planteada por Francia –la más elevada- y después de haberse defendido en un inicio que fuera del 20%, la última propuesta habla de un 30%. No obstante, determinados organismos, como quedó plasmado en la intervención de Krisztina Stump, responsable de la revisión de la directiva en la DG CONNECT (Comisión Europea), dan más valor a la promoción de la producción que a la cuota de emisión. Sea la cuota que sea, tiene que estar bien visible en la oferta, esté en un servicio a la carta o no.

La finalidad, remarcó Kammerevert, siempre es incrementar la producción europea. Una meta que, según Miquel Pellicer (Clúster Audiovisual de Catalunya), sería más fácil si se creara una plataforma propia en el marco europeo. Una cuestión que Roger Loppacher, presidente del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC), retomó para advertir de la necesidad de incrementar la presencia del catalán.


Emisión de publicidad

Respecto a la publicidad, la propuesta recogida en esta revisión consiste en la definición de dos ventanas, en cada una de las cuales la publicidad no puede superar el 20%. Una de ellas se corresponde con el prime-time -las cuatro horas de más audiencia de cada país-, pero dejando a cada Estado que acote la franja horaria que considere más oportuna de acuerdo con el estilo de vida particular.

Para responder a las demandas del sector cinematográfico, Kammerevert explicó que se ha decidido proponer que la publicidad no pueda interrumpir los primeros 30 minutos de una película. Un tema delicado, como quedó patente en la queja expuesta desde PROA-Productors Audiovisuals Federats en el turno de palabras dedicado a diversas organizaciones y entidades catalanas. Y, sobre los contenidos, Krisztina Stump recordó que ahora no solo se ha de regular la publicidad del alcohol, sino también la de los alimentos y bebidas con alto contenido en grasas.


La relación de los entes reguladores con el Estado

Que un ente regulador sea independiente del Estado no es garantía de que éste no intente inmiscuirse, señaló Kammerevert. Pero, inmediatamente, la eurodiputada añadió que esa separación es imprescindible para que los entes reguladores puedan actuar como vigilantes de cualquier ataque a la pluralidad o a la ejecución de la profesión.

Kammerevert centró su discurso en su preocupación por la expansión del discurso del odio, además de los contenidos discriminatorios o que incitan directamente a la violencia. En la revisión de la directiva se plantea poder ejercer un control a posteriori, pues no se trata de crear medidas que puedan interferir en el contenido y, además, sería prácticamente imposible rastrear todos los “elementos unitarios”. Difícil equilibrio el de la diversidad y la libertad, advirtió la eurodiputada.

En esta misma línea, Roger Loppacher fue más allá y, ante tres tipos de contenidos (pornografía infantil, violencia machista y promoción de la anorexia), solicitó que las autoridades reguladoras puedan pedir inmediatamente su retirada. Madeleine de Cock, por su parte, introdujo un matiz, advirtiendo que conviene aclarar qué es “discurso del odio”, pues, por ejemplo, una crítica a un gobierno no debería nunca interpretarse como tal.


Las audiencias

La audiencia fue mencionada al tratar prácticamente todos los aspectos. En términos generales, se incidió en que es necesario, por un lado, que los públicos tengan la información suficiente (completa y actualizada) que les permita escoger realmente lo que quieren consumir en cada momento y, por otro, que puedan diferenciar la naturaleza del producto que tienen delante (sobre todo, cuando está ligado a la publicidad).

Pero Stump fue más allá, y habló de forma particular de la infancia. Parece que la Comisión Europea va a apostar por el diseño de pictogramas que informen sobre el tipo de contenido incluido y que, a partir de ahí, sean los progenitores quienes decidan lo que es correcto para sus hijos e hijas. Kammerevert respondió aludiendo a lo difícil que es decidir aspectos relacionados con la moral, pues mientras que hay países muy permisivos, otros no lo son tanto. Ante esa diversidad cultural, la eurodiputada confirmó que la apuesta es dar a los adultos la información necesaria para decidir el consumo infantil, pero, al mismo tiempo, planteó como indispensable la educación en el uso de internet.

En resumen, la jornada acabó ampliando la lista de problemas que fueron expuestos al inicio de la misma, al hacer hincapié en lo difícil que es encontrar el equilibrio. ¿Cómo evitar la infraprotección sin caer en la sobreprotección? ¿Cómo crear un ámbito libre de obstáculos y barreras y, al mismo tiempo, mantener el “principio del país de origen” para los servicios digitales? ¿Cómo casar la competitividad con la protección del consumidor?