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ISSN 2014-1475

Interculturalidad: miradas críticas

Nuevo eBook InCom-UAB: "Interculturalidad: miradas críticas", de Cynthia Pech Salvador y Marta Rizo García (coord.).

 

"Introducción: Mirar la interculturalidad de otras maneras, una reflexión necesaria"
Cynthia Pech Salvador


Los textos reunidos en este volumen, parten del interés por aportar a la reflexión sobre la interculturalidad hoy, pero sobre todo, hacerlo desde una posición crítica a partir de las diferentes experiencias de investigación que este libro recoge. Así, desde el trabajo práctico, teórico y/o empírico, en los distintos ámbitos disciplinares, los y las especialistas convocados, escriben desde sus lugares enunciativos muy particulares y con la mirada aguda sobre lo que la interculturalidad ha aportado y, muchas veces, soslayado en campos tan significativos como lo son el de la pedagogía, la comunicación, el derecho y la antropología.

La intención de este ejercicio ha sido, sin lugar a dudas, la de ofrecer una mirada revisora sobre los hiatos y aperturas que la interculturalidad conlleva como propuesta teórica y praxis, a partir de algunos casos ejemplificadores que dirigen la mira hacia el punto de partida de nuestra convocatoria: la interculturalidad, discursivamente hablando, es una apuesta que se precisa como alternativa posible a la solución de conflictos y se circunscribe como una propuesta paradigmática que potencia –por sí sola- la buena convivencia entre las culturas –en su idea más abstracta- a partir de subsumir las diferencias en la sola voluntad de los sujetos. Esta idea que si bien podría ser una mirada reduccionista, es el detonante que conlleva a una realidad: en la práctica, la interculturalidad no logra rebasar la barrera de las diferencias y por ello, su realización es más una idealización que un hecho.

Desde nuestra óptica , no hay interculturalidad sin interacción y en este sentido, cabe señala que una de las principales razones que motivó este libro fue la necesidad de ofrecer respuestas al cuestionamiento que a lo largo del tiempo ha ido surgiendo -a partir de la experiencia docente y de la reflexión que ésta supone- acerca de la viabilidad de la comunicación intercultural como posibilidad de simetría y universalidad, una vez que los conflictos son más que probables en las interacciones interculturales debido a que las interacciones entre los sujetos participantes están sostenidas sobre sus propias matrices culturales, es decir, sobre creencias y representaciones afinadas en sus procesos de socialización primaria que, una vez puestas en escena en la interacción intercultural, pueden derivar en conflicto o malos entendidos, como plantea la propuesta en sí. Sin embargo, el andamiaje de la comunicación intercultural se sostiene sobre las posibilidades de negociación y el entendimiento de ambas partes del proceso comunicativo. En medio de esta negociación se ponen en juego las habilidades de los propios individuos para que, mediante la aceptación de la diferencia, se llegue a una coincidencia de tipo pragmática. O sea, que la situación de comunicación tenga una operatividad práctica e in situ. La clave para que este proceso de negociación que posibilita el entendimiento es “la disposición a la diferencia” que los sujetos inmersos en la interacción intercultural deben de tener o desarrollar. Y justo esto es el meollo del asunto: desde la interculturalidad no se ha pensado que tanto en su dimensión positiva (que es la negociación y el entendimiento a partir del diálogo) y la negativa (el conflicto y los malos entendidos), está latente una condición que no obedece racionalmente a la disposición sino apela, en todo caso, a las contingencias que son propias de los seres humanos, es decir, a una voluntad de los sujetos interactuantes determinada por sus propias contingencias personales (experiencias de vida, condiciones históricas y sociales de sus propios contextos de pertenencia, el poder inmanente que conlleva toda interacción, etc.).

Sin duda, la interculturalidad es hoy una propuesta polémica, en tanto que en ella se apuesta por el respeto y la tolerancia a partir de proponer el diálogo y la negociación como estrategias que logren, por un lado, la preservación de la identidad cultural y lo “originario” y por el otro, que nutran de nuevos conocimientos y elementos culturales a los sujetos interactuantes en la diferencia. Es decir, la interculturalidad contiene a su vez el principio de lo transcultural, el cual quiere decir que pese al contacto de las culturas con lo diferente, cada una podrá resistir su “esencialismo” y potenciar cierto dinamismo que permita, como dijera Monsiváis, una asimilación que no asimile y con ello, como señala Mernissi, superar la angustia que nos genera la globalización a partir de conocer a los otros y comunicarnos con ellos , pero en estas visiones de la interculturalidad hay un sobrentendido que falta precisar: la condición de otredad implícita en el sujeto mismo y en este sentido, la frontera entre el nosotros y los otros está adelgazada por los marcos de referencia de los procesos de individuación e identificación, así que cualquier modelo de diálogo entre las culturas resulta complejo si no se comparte un marco referencial de carácter universalista a nivel ético, es decir, un pensamiento/acción que sea compartido por todos (nosotros y los otros), en tanto que “comprender al otro no es sólo un acto cognitivo; es una acción política y moral”.

En este entendido, los ocho textos que conforman Interculturalidad: miradas críticas, presentan abordajes distintos sobre la interculturalidad, pero desde lógicas diferenciadas que, no obstante, logran vincular los alcances que dicha perspectiva ha tenido en los estudios, tanto teóricos como prácticos, de los que básicamente se dan cuenta aquí.

El libro inicia con el texto de Marta Rizo García, “Exploraciones sobre la interculturalidad: notas interdisciplinarias para un estado de la cuestión”, en el cual se ofrecen tres notaciones teóricas importantes; la primera, una distinción conceptual sobre la interculturalidad y otros términos que se le vinculan; la segunda, un recorrido de las tendencias en el estudio sobre la interculturalidad a partir de tres tradiciones claves: la pedagógica, la comunicológica y la antropológica, y tercera, algunas reflexiones sobre la interculturalidad ingenua y el papel que el poder tiene como impedimento de la interculturalidad.

El siguiente capítulo presenta una revisión crítica del proyecto intercultural de la Universidad Autónoma Indígena de México, en específico, el fracaso de la sede de Los Mochis, en el estado mexicano de Sinaloa, donde se asienta principalmente la población mayo yoreme. En “La sociointerculturalidad, propuesta metodológica para el análisis de la diversidad cultural. El caso de la Universidad Autónoma Indígena de México”, Ernesto Guerra García y María Eugenia Meza Hernández, presentan un acercamiento a los principales problemas que dicho proyecto de universidad intercultural ha tenido a partir de su experiencia como docentes de dicha casa de estudios, pero también, desde una propuesta que denominan sociointerculturalidad, se acercan a ofrecer algunos ejemplos donde el proyecto muestra sus fracturas.
Siguiendo con la línea de la interculturalidad y población indígena en México, el capítulo “Elementos de estudio para el diseño de investigación sobre cultura normativa en el México Indígena”, de Alejandro Santiago Monzalvo, ofrece una mirada aguda sobre cómo el derecho en el Estado-Nación no alcanza a los pueblos indígenas y ofrece una posibilidad de inclusión de éstos a partir del caso del sistema normativo hñähñu, en el pueblo hñäñu (otomí) de Portezuelo, en el estado mexicano de Hidalgo. Por su parte, Bruno Baronnet, aborda en el capítulo intitulado “Prácticas docentes y alternativas educativas de las comunidades originarias”, un acercamiento a los desafíos actuales para la práctica docente en escenarios interculturales y las posibilidades de reaprender formas no impositivas y discriminatorias en/para la enseñanza. Sus argumentos nos acercan a otras experiencias didácticas y pedagógicas en educación intercultural como alternativas posibles que requieren las aulas multiculturales sin los métodos monoculturales de la cultura dominante.

Desde un enfoque comunicativo, Jerónimo Repoll, dedica el capítulo “Migración y comunicación: redes sobre redes en la construcción del espacio transnacional”, a mostrarnos el uso que las redes sociales digitales tienen para contrarrestar la representación negativa de la migración que las investigaciones sobre los medios tradicionales han impuesto. En este sentido, el trabajo de Repoll apuesta por mostrar cómo las redes sociales digitales (Facebook) contribuyen en la construcción de nuevas relaciones con la sociedad receptora, a partir de lo que el autor denomina espacio social transnacional, haciendo de lado la idea de que estas redes sirven más para mantener las relaciones con la sociedad de origen.

Por su parte, en el capítulo “Comunicación intercultural y culturas indígenas en México. En busca de elementos para generar identidades compartidas en educación”, María Guadalupe Trejo Estrada, hace un repaso teórico en torno a autores que dentro del ámbito de los estudios indigenistas se han aproximado, de manera un tanto soslayada, a la comunicación como una potente herramienta pedagógica que no ha sido del todo tomada en cuenta. Para ella, es imperativo desarrollar procesos educativos respetuosos de la diversidad a partir de la búsqueda de identidades compartidas incluyentes, máxime en un país multicultural como lo es México.

Los dos últimos capítulos del libro se centran en mostrar los resultados de dos investigaciones empíricas en torno a la migración y la comunicación intercultural. El primer texto, de Juana Liset Villarruel Soto, lleva por título “La comunicación intercultural interpersonal en la adaptación transcultural de las mujeres indígenas de Oaxaca que migran al Distrito Federal”. En él, la autora describe la comunicación intercultural en la adaptación transcultural de mujeres oaxaqueñas migrantes y muestra que dicho proceso no se cumple de la misma manera en cada una de ellas, es decir, que la adaptación transcultural, va marcada por cuestiones más encaminadas a la adaptación de quienes migran y no de igual manera, a la sociedad receptora.

El último texto que vincula migración con interculturalidad es el de Araceli Pérez Mendoza, titulado “Comunicación intercultural y adolescentes de origen latinoamericano en Canadá”. En éste, la autora muestra la condición de minoría visible que los jóvenes latinoamericanos tienen en ese país y la dificultad que ello conlleva en su proceso de adaptación. Para la autora, el estigma de origen, es decir, el ser latinoamericano, incide en la no aceptación por parte de la sociedad receptora, y en su encapsulamiento en grupos latinoamericanos que los confinan a la exclusión.

Como se podrá apreciar, Interculturalidad: miradas críticas constituye un acercamiento al tema de la interculturalidad con una visión crítica. Las distintas miradas críticas aquí compiladas, ofrecen también distintos registros de los caminos que se han seguido, así como los que no se han encontrado en torno al tema de la interculturalidad. Esperamos contribuir al debate académico sobre los desencuentros, omisiones e (im)posibilidades de la interculturalidad.

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