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Uno de los objetivos fundamentales de los estudios de audiencia –o por lo menos de autonos autores—es articular los dos niveles de constitución de la sociedad: el macrosociológico y el microsociológico. El ámbito macrosociológico es el campo amplio y abstracto de la política, la economía, la ideología, la cultura; el microsociológico, en cambio, es el campo concreto de interacciones humanas: la familia, el trabajo, los vecinos, etc. El norteamericano James Lull (992a), uno de los autores que ha trabajado en este campo, concreta este objetivo: “La teoría social nos tendría que proporcionar un marco para analizar como la gente ineractúa con los medios y entre ellos y qué significan estas actividades en términos sociales más amplios”. Los estudios de audiencia se mueven en el entorno inmediato del individuo, sus relaciones personales directas, sobre todo dentro de la familia. Se situan, pues, en el nivel microsocial y parten de las capacidades comuncativas de los individuos. Estos actúan recibiendo y dando sentido a lo que les llega de los medios y, simultáneamente, participan en la vida social: forman parte de partidos políticos, sindicatos, ONG, votan en las elecciones, etc.; son ciudadanos y, en tanto que tales, actuan en el ámbito macrosociológico. Para vindular estos dos niveles, Lull parte de las aportaciones del sociólogo británico Anthony Giddens y, en concreto, de su teoría de la estructuración. Giddens no quiere distinguir explícitamente entre estos dos niveles y se centra en el concepto de estructura, entendida como los procesos de articulación de los sistemas sociales, los procesos de construcción de las relaciones sociales. El planteamiento de Giddens se caracteriza, por un lado, porque nos situan dentro de la producción de la sociedad por parte de los individuos y, por otra parte, porque pone el énfasis en los procesos de comunicación –y más en concreto la conversación o la comunicación cara a cara—como motor de la dinámica social. En realidad, aquí se plantea la discusión sobrela supeditación de los individuos a las estructuras básicas dela sociedad. Para el pensamiento moderno, sea funcionalista o marxista, la sociedad se impone a los individuos; las creencias y las actuaciones de los individuos se supeditan a la ideología, la cultura o el sistema legal de la sociedad. Los estudios de la recepción no niegan rotundamente esta relación, pero plantean la necesidad de rediscutirla, de volverla a plantear ante la evidencia que los individuos utilizan creativamente los marcos sociales generales (Ver nota 8). Lull, en concreto, reclama que se supere la contradicción entre los individuos y la estructura social. Para él, la actuación de los individuos se explica siempre como si fuera cas autónoma; se plantea como si los individuos actuaran de forma muy autónoma en el nivel microsocial, olvidando que los individuos y las relaciones microsociales son construidos en el nivel macrosocial. Para Lull, la salida de esta contradicción es posible si se consideran las estructuras de la sociedad como creadas y recreadas de forma continua por la acción de las personas; si se considera que no hay reproducción pasiva de ideología, sino interacción continua. Los medios de comunicación se consideran uno de los procedimientos más importantes de los que dispone la sociedad para autorreproducirse. Pero la audiencia no reproduce pasivamente la ideología, sino que interactua continuamente con los contenidos de la televisión (medio central) y del resto de medios del sistema comunicativo. En los estudios de recepción, el contexto de recepción permite ver como los distintos planos de la vida (el económico, el político, el cultural, etc.) se articulan en prácticas rutinarias regidas por normas, entre las que se encuentra ver la televisión. |
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8. En este sentido, el propio Lull ha estudiado como se ha utilizado creativamente la televisión por parte de la audiencia la televisión en China. Véase, por ejemplo, en español Lull (992b)." |
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