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Estamos asistiendo a uno de los cambios tecnológicos más sustanciales en materia de telecomunicaciones y radiodifusión en casi un siglo, la digitalización, pero de momento, y especialmente en el ámbito radiofónico, existe bastante confusión, muchos lugares comunes y una radio digital cuyo futuro sigue todavía bastante desdibujado. En buena parte, ello es lógico puesto que se necesitan unos 10-15 años, o incluso más (Paila, 2005:29) para conseguir que una nueva tecnología alcance un punto en el que pasa de ser utilizada tan sólo por los innovadores y los primeros usuarios (early adopters) hasta que resulta imparable, lo cual podría suponer su presencia en el 20% del mercado masivo (Corneliussen, 2004:3).
Durante la última década parecía que la radio digital debía tener un solo nombre sin tener claro cuál: DAB (Digital Audio Broadcasting) o DRM (Digital Radio Mondiale) o IBOC (In-Band On-Channel) o ISDB (Integrated Services Digital Broadcasting), etc. olvidando que ya existe una radio digital sin siglas, la de Internet (Ribes, 2001), y que una cosa son los estándares tecnológicos y otra, las plataformas de distribución de los contenidos radiofónicos (o de audio en general).
Otro de los malentendidos frecuentes cuando se habla de radio digital, en Europa, es asociar los cambios en los perfiles profesionales con el DAB. En parte se debe a las propias siglas y su uso. DAB significa, como es sabido, Digital Audio Broadcasting, y por lo tanto hace referencia de forma genérica a la radiodifusión de audio digital. Sin embargo, en Europa y otros países donde se ha implantado, DAB se utiliza como sinónimo del estándar técnico Eureka 147, de la misma forma que en Estados Unidos llaman HD Radio (High Definition Radio) a su radio digital sin tener así que referirse a ella por el nombre de su estándar (IBOC). Todavía más, es frecuente encontrar textos (p.e. de la Federal Communications Commission(FCC) en los que se habla de DAB systems o del IBOC DAB system o IBOC DAB model.
Los perfiles profesionales, no obstante, no mutan condicionados tan sólo por un estándar de difusión y sus características definitorias, pues hace décadas que la radio empezó a digitalizar los procesos previos a la difusión de su programación (Hendy, 2000; Coutard, 2001; Lax, 2005) y sus trabajadores vieron cambiar su rutina productiva y a sentir amenazados sus puestos de trabajo por la digitalización. Un estándar puede afectar algunos aspectos de la cadena productiva, sobre todo en lo que concierne a los servicios de valor añadido o los datos asociados al programa, pero hace años que la radio trabaja en digital y emite en analógico.
Por todo ello, para intentar esclarecer y fijar un punto de partida útil y práctico, durante las próximas líneas estableceremos una foto fija de la situación de la radio digital, qué es, cuáles son los principales estándares en liza y a través de qué plataformas puede servirse a una audiencia cada vez más exigente, móvil y saturada de ofertas mediáticas de todo tipo. Aunque se hablará de diferentes sistemas de distribución de audio digital, nos centraremos especialmente en los principales estándares de difusión vía hertziana. Para aquellos países que todavía no lo han elegido, no resultaría descabellado optar por una postura conservadora de sentarse y esperar (wait and see). |
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