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Carlos Zeller
Profesor del Departamento de Periodismo. Universidad Autónoma de Barcelona
LA REPRESENTACIÓN PERIODÍSTICA DE LA VIOLENCIA Y DE LA DESIGUALDAD SOCIAL |
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"La afirmación de que la realidad se está convirtiendo en un espectáculo es de un provincianismo pasmoso. Convierte en universales los hábitos visuales de una reducida población instruida que vive en una de las regiones opulentas del mundo, donde las noticias han sido transformadas en entretenimiento. [...] No obstante, es absurdo identificar al mundo con las regiones de los países ricos donde la gente goza del dudoso privilegio de ser espectadora, o de negarse a serlo, del sufrimiento de los demás a partir de la disposición de aquellos consumidores de noticias que nada saben de primera mano sobre la guerra, la injusticia generalizada y el terror. Cientos de millones de espectadores. no pueden darse el lujo de menospreciar la realidad."
Susan Sontag, Ante el dolor de los demás
Los medios de comunicación y las industrias culturales constituyen hoy en día un macro campo cultural y social muy extenso, complejo y extremadamente heterogéneo. Todos estos medios, así como los géneros que se han desarrollado históricamente, se ocupan de forma cotidiana y regular de la violencia en las distintas formas que esta categoría constitutiva de la especie humana adopta. Las maneras, los enfoques y las motivaciones son tan diversas que difícilmente se podría realizar con fundamento una caracterización unívoca.
Si miramos la producción y los contenidos de las industrias culturales y, muy en particular, de Internet y de los videojuegos podemos constatar la existencia, quizás dominante, de contenidos marcados por una violencia ciega, nihilista, que propone la existencia de un "espacio social" completamente anómico, sin normas ni moral, en el cual los "jugadores" o "usuarios" pueden participar asumiendo personalidades irreales y donde el ejercicio de la violencia no tiene otro límite que las pautas establecidas en el juego o la necesidad de "triunfo" y dominio devenida en lógica dominante. La contemporaneidad de esta lógica, tan próxima al neoliberalismo, ciertamente no cierra el contenido global de estas formas de expresión y de juego que ocupan un lugar central en los juegos y diversión de niños y adolescentes tanto de los países de capitalismo avanzado como en sociedades del Tercer Mundo. Ciertamente, frente al nihilismo dominante, existen en estos medios tecnológicos otras formas de fruición y otras propuestas de contenidos, en parte aún por explorar. En este trabajo, sin embargo, nos limitaremos a apuntar la existencia de estas formas lúdicas-comunicativas y culturales que procesan industrialmente algunas formas de violencia para construir sus contenidos y propuestas de consumo sin incidir en su caracterización ni en una valoración de sus efectos, tema sobre el cual los distintos capítulos de este libro proporcionan abundante y valiosa información.
La programación de ficción de la televisión también ha encontrado en las innumerables formas que adopta la violencia un yacimiento que se explota conforme a las reglas de la producción industrial. La lógica maximizadora que guía a la mayoría de programadores ha hecho que paso a paso, de forma inexorable, la mayoría de espacios televisivos sean invadidos por contenidos que utilizan la violencia en sus distintas formas como un punto fuerte de su programación. Incluso los programas informativos, en un proceso continuado que desdibuja cada vez más las fronteras entre información y ficción, recurren de forma sistemática a la utilización de imágenes que muestran el ejercicio de la violencia en distintos planos, cuando, como ocurre en la mayoría de casos, estas imágenes no tienen ningún valor informativo o no aportan nada a la comprensión del tema. Un buen ejemplo de todo esto nos lo proporciona la forma en que se publicitó la ejecución de Sadam Husein, y la exhibición reiterada del cadáver en los telediarios, en lo que puede interpretarse como una "respuesta adaptativa" del sistema televisivo a los enormes flujos de "información" gráfica que sobre esta cuestión circulaba por Internet. De hecho, los medios de filmación se han difuminado a escala planetaria -la ejecución de Sadam se filmó con un simple teléfono móvil- y las posibilidades de publicar y reproducir esas imágenes son enormes. El impacto social y cultural que provoca esta mayor accesibilidad a los medios tecnológicos y a la difusión de los contenidos es ciertamente controvertido y tampoco puede valorarse de forma lineal. Sabemos que altera radicalmente el funcionamiento del campo periodístico, pero este hecho da lugar a un conjunto amplio de posibilidades y restricciones. Una vez más, el problema fundamental no es la tecnología sino los usos sociales de la misma; en este caso particular, el empleo sistemático de la violencia como simple estrategia de venta y valoración del producto. Quizás lo más grave es que esta práctica, ya consolidada en los medios privados y especialmente en las televisiones, se generaliza también en los medios públicos.
Frente a la ficción del videojuego, de gran parte de la programación de la televisión y también de Internet y otras formas de expresión que procuran "entretenimiento", probablemente la industria más potente y característica de la postmodernidad, se encuentra el periodismo y la información. Dos formas culturales que solo pueden tener un sentido si son capaces de ocuparse de la realidad social con todas sus contradicciones, conflictos, desigualdades y sufrimientos. La información periodística, el periodismo moderno, dos siglos después de ser inventada sigue teniendo como categoría articuladora de su oficio la noticia. La información se nutre de noticias y estas en su abrumadora mayoría son malas noticias. Las distintas formas de violencia que marcan el sistema de sociedades son objeto de atención preferente por parte de los medios. Pero no todas las formas de violencia atraen la atención de los medios y no todas de la misma manera. Por otra parte, el campo periodístico en su diversidad contiene prácticas y culturas profesionales que producen resultados muy diferentes. En este texto queremos reflexionar sobre el tratamiento periodístico dado a dos tipos de violencia y que genera posicionamientos diversos entre los medios y las distintas culturas profesionales: la violencia extrema de la guerra y conflictos armados y la violencia sistémica, derivada de la desigualdad social y económica.
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