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Conocí a Daniel hace aproximadamente 15 años, en Brasil, y desde entonces mantuvimos una amistad que se renovaba y fortalecía cada que vez que podíamos vernos o contactarnos por correo electrónico o teléfono.
Su trabajo académico no sólo era impecable sino, asimismo, incansable. Guardo la imagen de él como uno de los principales investigadores de las industrias culturales iberoamericanas y como uno de los mejores conocedores y críticos en España -si no el mayor- de la producción investigativa y de las publicaciones especializadas de América Latina, aparte de
Su franqueza, su aliento sincero, su voluntad de cooperación fueron la marca permanente en la relación personal y profesional que construimos todos estos años. Estuvo en Bolivia, mi tierra natal, en dos oportunidades y dejó amistad y enseñanzas entre colegas y estudiantes. También alimentó con documentos y libros, tanto de su autoría como de su propiedad, a dos bibliotecas locales, y estábamos preparando un volumen colectivo sobre investigación comunicacional que iba a contar con un capítulo suyo, aparte de que yo me disponía a continuar aprendiendo de él puesto que había aceptado ser director de mi tesis doctoral.
Su inesperada desaparición me ha dejado con la impotencia de no poderle ya expresar mi aprecio y reconocimiento, pero sé que su presencia intelectual y su espíritu de compañero siempre estarán aquí.
Adiós, Daniel. Mi familia y yo sentimos mucho tu partida. |