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Daniel se nos murió el lunes de Semana Santa y nosotros, los golpeados por su muerte -colegas y amigos dispersos a un lado y otro del Atlántico, en Latinoamérica y en Europa- tomamos conciencia inmediata de lo que cada uno perdía con esta muerte inesperada.
En mi caso, Daniel fue interlocutor primordial desde que lo conocí, décadas atrás, cuando él todavía era estudiante y yo "profesor no numerario" en la Autònoma de Barcelona. Los dos habíamos nacido y vivido bajo la Cruz del Sur pero no por ello cultivábamos la nostalgia ensimismada: Cataluña ya era el lugar de nuestros anclajes mayores y desde ella tratamos de explicarnos y comprender el mundo en el que vivimos y las estrategias y actuaciones de los medios que dan cuenta de él en contextos políticos y económicos cambiantes. El primer encuentro ya perfiló al entonces estudiante: por su cuenta, libremente, estaba investigando en un campo muy cercano al mío. Recuerdo el torrente de datos e interpretaciones que encauzaba desde los primeros diálogos. Pronto empezó a forjar su larga cadena de textos publicados por instituciones públicas y por revistas especializadas catalanas, europeas, latinoamericanas, poniendo el foco en las industrias culturales y en la propiedad, la gestión y la producción de las empresas mediáticas diacrónica y sincrónicamente consideradas. Recuerdo también sus muy frecuentes exploraciones por bibliotecas y librerías, a la búsqueda de títulos nuevos, y la generosidad con que me hacía llegar aquellos textos que consideraba útiles para los trabajos míos.
Daniel investigador precedió a Daniel enseñante pero, una vez asumida la responsabilidad docente, supo encarnar en la Autònoma primero y, después, en Blanquerna el modelo ideal del profesor-investigador capaz de estructurar y contextualizar sus diálogos con los alumnos con sus propios hallazgos combinados, desde luego, con las teorías y las investigaciones que se iban acumulando en su campo. Sus clases mantenían una asistencia de alumnos amplia, contínua, activa, propicia a la configuración –más allá de las aulas- de una nueva generación de investigadores. Intensamente asumida, esta articulación de la investigación y la docencia reducía considerablemente el tiempo libre de que disponía, y él mismo lo recortaba aún más cada vez que alumnos, colegas y amigos lo consultaban o, simplemente, querían conversar con él. Todos conocíamos la generosidad sin límites de Daniel. Yo la entendí siempre como una manera señorial de vivir libremente, muy argentina. |