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Se ha ido una persona altamente cualificada y honesta, de una cordialidad honda y amable que no excluía la crítica leal y el diálogo comprometido y sincero. Lo conocí hace cosa de veinticinco años en la entonces Facultad de Ciencias de la Información de la UAB, y a pesar de la disparidad de campos y trayectorias lo tuve siempre por un académico de gran valor, modesta pero firmemente empeñado en contribuir al buen hacer de la universidad de este país que hizo suyo. Luego, muchos años después, pude confirmar esas impresiones cuando compartimos tareas en la revista Anàlisi, de cuyo consejo de redacción formó parte fecunda y activa cuando la dirigí, entre 1999 y 2003.
También descubrí que Daniel E. Jones era, amén de meticuloso y competente como docente e investigador, un universitario que anteponía el bien común al beneficio privado, virtud que no puede menos que causar admiración y estupor en estos procelosos tiempos. Poco tiempo después dejó la Facultad y la UAB sin desear hacerlo, impulsado por procederes y negligencias de triste aunque caudalosa memoria.
Lo siento mucho por él y por las personas de buena voluntad que sienten su ausencia. |