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MOSCO, Vincent
The Digital Sublime. Myth, Power, and Cyberspace
Cambridge, MA: MIT Press, 2004.-218 páginas.
Autor/a comentario:
Núria Almirón
Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) |
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The Digital Sublime. Myth, Power, and Cyberspace |
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Ocho años después de publicar The Political Economy of Communication (1996), y el mismo año que recibía el Dallas Smythe Award -el premio anual que concede la asociación norteamericana Union for Democratic Communication en honor de quién sería el primer profesor de economía política de la comunicación, Dallas W. Smythe-, Vincent Mosco, discípulo y seguidor de Smythe, y un autor casi inédito en nuestra casa -sólo tiene traducido su primer libro (Fantasías electrónicas, 1986)-, aporta una reflexión tanto lúcida como erudita de Internet y el ciberespacio en The Digital Sublime. Myth, Power, and Cyberspace.
De hecho, y como explica el mismo Mosco al comienzo del libro, este texto se puede considerar una contribución teórica y disciplinar continuadora del influyente The Political… de 1996, en la medida en que constituye un ejercicio tanto esforzado como lúcido de lo que viene reclamando Mosco desde entonces: la necesidad de poner fin a la división que hay entre los estudios culturales y la economía política en los estudios de comunicación. Hoy en día, ya es posible afirmar que la obra de este profesor del departamento de sociología de la Universidad de Queen, Ontario (Canadá), constituye en sí misma la mejor prueba de la fructífera alianza que puede llegar a acaecer la unión de fuerzas entre los estudios culturales y la economía política. Una alianza que Mosco no reivindica en solitario pero que este profesor canadiense ejercita, tal como pone de manifiesto el libro que aquí reseñamos, con mucha consistencia. El resultado es una de las perspectivas de análisis social y de la comunicación más potentes, si no la más potente.
Con estas herramientas, en The Digital Sublime Mosco realiza una inteligente disección del fenómeno hiperinflacionario que aún es Internet bajo el punto de vista comunicativo. Y lo hace con precisión (diciendo las cosas por su nombre), con concisión (sólo 181 páginas sin las notas) y con un espíritu crítico encomiable (por su acidez pero, también por su pulcritud). El autor demuestra tener conocimiento de causa de lo que habla (su interés por la tecnología le viene de lejos, nos explica), lo cual no siempre sucede entre muchos autores académicos que llevan a término análisis supuestamente profundas de la llamada revolución digital. La clave de todo ello nos la desvela nada más comenzar, cuando nos recuerda que es preciso tener los dos ojos bien abiertos para no acabar vendiendo el alma al primero que pasa.
Hecha la advertencia, el libro comienza haciendo un análisis cultural del fenómeno digital a través de los mitos que hay detrás suyo. Los mitos analizados resultan ser no sólo mitos derivados del digitalismo sino mitos de toda una época, la actual era dominada por las ideas neoliberales: se trata del mito del fin de la historia, del mito del fin de la geografía y del mito del fin de la política. Mosco describe con acierto y detalle como cada uno de estos mitos responde a las necesidades de una comunidad de intereses privados, en su mayor parte muy próximos al neoconservadurismo. Bill Gates, Nicholas Negroponte, Esther Dysson, Ray Kurzweil y otros grandes creadores del discurso de la sublimidad digital -a los que Mosco bautiza con retintín como los grandes pensadores cósmicos- no salen nada bien parados, y los vínculos con la ultraderecha católica norteamericana son descritos sin tapujos. Especialmente ilustradores son los múltiples paralelismos que Mosco desvela entre el discurso de los grandes gurús digitales y el discurso religioso -todos ellos nos estarían iluminando el camino de la verdadera fe, estarían promoviendo la nueva religión del ciberespacio con una retórica llena de misticismo, magia y profecías. El papel del gobierno y de los medios en lo que él llama "el ritual de adulación del ciberespacio" tampoco se nos esconde. El recorrido intelectual que Mosco ofrece al lector por estos diversos mitos -tan importantes por lo que revelan como por lo que esconden- es demoledor.
Desmitificando la red
Una vez desenmascarados los mitos, el autor ofrece una lección magistral de lo que llama la incomprensible "amnesia histórica" que sufre la humanidad cada vez que surge una nueva tecnología de la comunicación y la información. El capítulo 5, titulado "When Old Myths Were New: The Ever-Ending Story", nos recuerda muy documentadamente como todas las nuevas tecnologías, y en especial las que forman parte de las TICS, han repetido una tras otra el discurso del fin. Del fin de una era, y de la llegada de otra llena a rebosar de promesas de mejora social, política y económica. En algunos casos, esta reiteración del mito es obscenamente literal en los conceptos y las formas: como la anihilación del tiempo y el espacio que se le confería al telégrafo y su potencial pacificador al permitir a personas de cualquier parte del planeta interrelacionar-se; como la alucinación producida por la magia de la electricidad; como el igualitarismo generado por el teléfono, que llevaría a una mayor participación política de la ciudadanía; como la división generacional creada por la radio y la revolución educativa puesta en marcha por la televisión; y como un largo etcétera de metáforas de progreso calcadas a las actuales. El telégrafo, la electricidad, la radio y la televisión, todos ellos tenían que cumplir los mismos milagros que el ciberespacio e Internet al constituir herramientas democratizadoras sin precedentes a sus épocas, y poniendo de manifiesto, en palabras de Mosco, que la promesa mítica del ciberespacio es muchas cosas, pero si alguna no es, es nueva. Como tampoco es nueva la amnesia histórica que sufre la sociedad y que permite creer en la sublimidad digital con tanto fervor como en el pasado se creyó en la sublimidad de las citadas tecnologías.
Finalmente, Mosco dedica el último capítulo del libro a la economía política de los orígenes de los postindustrialismo y a la economía política de la informatización, concentrándose especialmente en un ejemplo concreto que deviene, podríamos decirlo así, la metáfora más tangible de las consecuencias de la mitificación del discurso postindustrial, en concreto: la zona ocupada por las dos torres gemelas en Manhattan. La historia de la ahora llamada zona cero es tan ejemplar, y desconocida por el público (también por el norteamericano), que Mosco la recupera para enfrentarla al mito. Tan documentadamente como en las páginas anteriores, se nos describe como el icono del capitalismo y del postindustrialismo, el World Trade Center de Manhattan, se había desvanecido como proyecto político, social y económico muy antes de que los terroristas de Al Qaeda lo derrumbasen arquitectónicamente. Mosco relata como las Torres, y todo el Downtown que amplió el sector financiero de Nueva York hasta convertirlo en lo que es ahora (abarcando el llamado Silicon Alley), se construyeron a partir de políticas neoliberales impulsadas por los intereses especulativos que vendían como progreso lo que en realidad era exceso y negligencia. Pero al igual que ha sucedido con las telecomunicaciones, las promesas de crecimiento exponencial de la demanda no se cumplieron nunca y entonces es cuando el mito se enfrenta de lleno con la dura realidad.
En definitiva, The Digital Sublime es un texto altamente recomendable para todo el mundo y especialmente para el ámbito académico, como modelo de una perspectiva de análisis tanto poderosa como necesaria. Sólo le haríamos un pequeño reproche, referido a las expectativas esperanzadas que su autor expresa al final del libro hacia la heterogénea comunidad social que utiliza las nuevas tecnologías para perseguir una sociedad menos mercantilizada, y en la que incluye desde altermundistas y movimientos antiglobalización, hasta hackers, crackers, usuarios que comparten archivos digitales en las redes P2P o el movimiento de código abierto. En esta mezcla de colectivos, Vincent Mosco no detalla suficiente, porque no tiene en cuenta que muchos de ellos no se dedican a combatir el mito, sino sólo sus consecuencias perversas, y, lo que es peor, que algunos de éstos colectivos, si bien en las antípodas de los gurús cósmicos, nutren y se nutren de la mística de la promesa digital. Pero esta apreciación no empaña en absoluto la excelencia de este texto, que merecería sin duda ser traducido. Porque como dice Vincent Mosco, el ciberespacio se ve de forma muy diferente cuando el punto de partida es la economía política y no el mito. |
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