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GALINDO, Jesús (Coord.); RIZO, Marta; GÓMEZ, Héctor; VIDALES, Carlos; KARAM, Tanius; AGUIRRE, Roberto
Comunicación, ciencia e historia. Fuentes científicas históricas hacia una comunicología posible
México: Mc Graw Hill, 2008.-544 páginas.

Autor/a comentario:
Leonarda García Jiménez
Universidad Católica de Murcia
Comunicación, ciencia e historia
"Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez, y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos"
Ovidio


Cuenta Ovidio, en el conocido mito de Pigmalión, que éste esculpió la estatua de una joven tan perfecta y hermosa que el escultor quedó perdidamente enamorado de ella. Continúa la narrativa mitológica describiendo cómo la joven, finalmente, cobró vida y superó las limitaciones de la piedra para tornarse en real. La diosa Afrodita obró el milagro. Sueño cumplido. Aspiración materializada. Utopía "des-utopizada".

Creo que el contenido de la obra que aquí reseño, Comunicación, ciencia e historia, así como la labor del grupo de investigación liderado por Jesús Galindo que hay tras este trabajo, GUCOM (Grupo Hacia una Comunicología Posible, mexicano con un importante vocación internacional), tiene algo de este mito, pues se propone materializar, construir, dar vida y tornar en real a la ciencia de la comunicación. La trayectoria de dicho grupo, sin ser excesivamente dilatada, ha sido muy prolífica tal y como puede comprobarse en su página web . Con un objetivo claro, construir una ciencia de la comunicación, la labor investigadora se ha desarrollado, por el momento, en dos fases: en un primer ejercicio bibliográfico, se hizo una recopilación de los libros claves que configuran el campo comunicológico (Galindo, Karam y Rizo, Cien libros hacia una comunicología posible, 2005). La segunda fase se corresponde con la obra aquí referida, Comunicación, ciencia e historia. Fuentes científicas históricas hacia una Comunicología Posible, donde se desarrolla una historia del pensamiento comunicológico atendiendo a las nueve tradiciones teóricas que han dicho y tienen algo que decir en la exploración de los procesos comunicativos. En primer lugar, qué se ha hecho, una identificación, un quién es quién. En segundo, la historia del campo, de dónde venimos, hacia dónde vamos, vías y rutas posibles a explorar en tiempos venideros.

Esta obra tiene lugar y sentido ahora, en el contemporáneo contexto científico que vivimos, pues a lo largo de los últimos años, los que operamos dentro del ámbito de la investigación en comunicación estamos siendo testigos de un fenómeno interesante y prometedor como es la reivindicación de la existencia de una ciencia propia, paraguas que nos ampare junto al resto de saberes sociales. Sin duda, ya no se trata de la agitación del campo de la que se hizo eco la revista Journal of Communication en los años 83 y 93, con míticos volúmenes dedicados al estado de la cuestión. No. Al contrario, es ahora un momento en el que la reflexión e introspección teórica y epistemológica están dando sus frutos, buenos frutos, acciones que tienen como principal propósito consolidar un estatuto científico propio. Por ello, el programa de investigación que representa GUCOM es una de las apuestas más decididas por la comunicología, sin complejos, muy al contrario, con fuerza.

Para empezar, la obra enriquece la literatura sobre las tradiciones que han protagonizado a la investigación en comunicación, pues ofrece hasta nueve perspectivas teóricas, un esfuerzo colosal en el que se realiza el análisis pormenorizado de las corrientes protagonistas de nuestra área, pero también, y he aquí la novedad, se hace eco de aquellas que han tenido una influencia ínfima en el campo. Esta es una primera aportación valiosísima, pues nos permite ver más allá y llegar hasta aquellos territorios que, por desconocidos, están poco "explotados" (y, por consiguiente, poco explorados). Una segunda aportación tanto o más valiosa que la primera, es el desarrollo histórico de cada una de las fuentes, amplio, pormenorizado y detallado, que rompe algunos de los mitos que se han fraguado con respecto a determinadas corrientes y que llega hasta cómo la tradición teórica se ha introducido en la investigación de la comunicación, es decir, qué ha tomado ésta de aquélla, o lo que es lo mismo, qué ha aportado aquélla a ésta. Esta es sin duda la aportación con mayúsculas de GUCOM, pues el análisis, atrevido, a veces crítico, pone en evidencia el excesivo reduccionismo con el que en ocasiones nos hemos hecho eco del pensamiento social en comunicología. Además, los apartados de bibliografía básica comentada, de bibliografía básica de la fuente y de bibliografía básica de la fuente en comunicación, son de suma utilidad y de referencia y estudio obligados para todo aquél que investiga la comunicación.

Tal y como reconoce el propio Galindo Cáceres (2008: XXII) en la introducción a la obra, "no hay ciencia de la comunicación, aunque sí existe un campo científico con ese nombre", por ello esta labor de reconstrucción tiene si cabe un mayor mérito pues el recorrido en las fuentes parte del XVIII (con la economía política) y va desde la política, a las ciencias sociales, desde la ciencia positiva a la ingeniería, del XVIII al XX, donde, sin duda, el siglo XIX desempeñó un papel clave, y donde se atiende al mestizaje del pensamiento procedente de EE.UU, Europa y América Latina (con especial mención al caso mexicano). Son varios los frentes de diálogo abiertos: ciencia-filosofía, ciencia-historia, ciencia-humanidades. ¿Es posible que sea la comunicación el punto en el que tengan lugar todos estos encuentros? Sin duda, esto es lo que se trata de alcanzar armando y organizando en un "mismo cuerpo visiones tan distintas y dispersas como la sistémica de Luhmann y la etnometodología de Garfinkel" (Galindo Cáceres, 2008: XXIX). Y para ello resulta clave el trabajo epistemológico-histórico: "Cuanto más entendamos cómo están construidos los discursos científicos, más sencillo será un esquema sintético de su historia, por un lado, y por otro, será posible imaginar, sobre la hipótesis de trabajo más ambiciosa, una epistemología propia de la comunicación que permita una visión científica sin ninguna duda y con gran poder constructivo tanto en la percepción como en la acción" (Galindo Cáceres, 2008: XXIX). Comunicología como corpus de conocimiento aunado, pero también como visión del mundo, como perspectiva ontológica. En este sentido, la comunicología "parece moverse dentro de una visión que es del siglo XIX, que se construye en el siglo XX y que necesita emanciparse de su pasado para emerger como una nueva propuesta en el siglo XXI" (íbid: XXXIII).

¿Cómo ha sido el proceso de formación del pensamiento comunicológico? Según se recoge en Comunicación, ciencia e historia, lo ha hecho a partir de las siguientes tradiciones de pensamiento: sociología funcionalista, sociología crítica, sociología cultural, sociología fenomenológica, economía política, psicología social, semiótica, lingüística y cibernética. Como vemos, una fuerte presencia de las ciencias sociales, en menor medida de las del lenguaje y por último las del control. Son el funcionalismo, la crítica-cultural, la fenomenología y la economía política algunas de las tradiciones que más influencia han tenido en nuestros estudios. Las restantes presentan una menor incidencia, por eso resulta de especial interés cómo han sido ampliamente recuperadas por GUCOM.

De cara a comentar muy brevemente algunas cuestiones, he reunido en cinco amplios grupos las nueve fuentes científicas: por un lado la funcionalista; por el otro, el eje crítico-cultural y de economía política; un tercer frente sería el integrado por la fenomenología y la psicología social; en cuarto lugar está el dueto de la semiótica y la lingüística y, por último, la cibernética. Cabe destacar que estas tres últimas son tres de las grandes olvidadas desde la comunicología.

Sobre el funcionalismo, se apunta a que tradicionalmente hemos clasificado con esta etiqueta a teorías y autores que realmente no lo son: "Es inexacta la asociación generalizada entre estudios en medios y funcionalismo" (Galindo Cáceres, 2008: 25). Tradicionalmente, también, se ha tendido a simplificar esta corriente tildándola de empírica, e incluso antiteórica, cuando en realidad su propósito fue el de construir una teoría abstracta de la sociedad (Galindo Cáceres, 2008: 25). De ahí que se apueste por recuperar la sociología funcionalista como una propuesta teórica importante, que además imprima euforia, compensando de esta manera el escaso entusiasmo y optimismo que en ocasiones presenta el pensamiento sociológico (Galindo Cáceres, 2008: 33).

En segundo lugar, estaría el macro grupo integrado por las sociologías crítica y cultural y por los estudios de economía política, que a veces, debido a la proximidad de sus supuestos han sido resumidas en una misma fuente. Esta triple división por la que se apuesta en esta obra implica una mayor complejización, pero también permite profundizar más en cada una de ellas y, por tanto, desmitificar en mayor medida este pensamiento, que con cierta frecuencia ha sido reducido a su vertiente marxista, dejando en un segundo plano, o, mejor dicho, en un plano prácticamente inexistente la sociología crítica, cultural o económica no marxista, que, sobre todo en el caso de la crítica, no está tan lejos de algunas posturas funcionalistas (Galindo Cáceres, 2008: 112). Con respecto a lo crítico, Frankfurt, una interpretación diferente de la mítica escuela, destacando la mayor influencia de Kant que de Marx. Aquí se expone el reduccionismo con el que a veces ha sido interpretada la escuela, resultando un pensamiento comunicológico marxista y militante, con pocos vuelos teóricos en el caso latinoamericano. El presente y el futuro es la crítica a la tecnocultura.

Sobre la sociología de la cultura se presenta a esta última como perspectiva de análisis, cultura como visión que permite entender la dimensión social de la globalización y de las tecnologías de la información (Gómez Vargas, 2008: 208). En esta fuente, se ordenan y desarrollan las aportaciones realizadas desde esta tradición, caracterizadas por tres tendencias expuestas cada una de ellas de manera cronológica: la tradición cultural, la de las ciencias sociales y la de la sociología de la cultura. Este trabajo implica una complejidad evidente, complejidad marcada por la propia ambigüedad del concepto cultura (Gómez Vargas, 2008: 175). De la economía política, destaca el hecho de que es la más cercana al pensamiento latinoamericano (Galindo Cáceres, 2008: 245), deudor de la escuela norteamericana e inglesa y, de nuevo, al igual que sucediera con la perspectiva crítica, no encontramos una economía política no crítica. En este sentido, es sumamente interesante el hecho de que esta corriente aparezca desarrollada de manera independiente, pues de esta manera es posible y hay espacio para que se desarrolle una vertiente no crítica.

Tras este frente, está la perspectiva fenomenológica y la psicología social, ambas con una especial vocación por los procesos micro, cuya profundización sigue siendo una tarea pendiente desde la comunicología. La fenomenología se está consolidando como una de las corrientes que mejor cuenta puede dar de los procesos comunicativos, pero nos encontramos con la dificultad de ubicar teorías más allá del interaccionismo simbólico o el construccionismo. Por ello, esta reconstrucción de lo interpretativo es una valiosa aportación que va desde los orígenes de esta fuente en la filosofía, su ramificación en la sociología y, por último, la historia de la tradición en el campo de la comunicación (Rizo García, 2008: 80). Con menos influencia y presencia que la fenomenología, la psicología social, con una importante revisión de la psicología social psicológica y la psicología social sociológica (Rizo García, 2008: 300 y 302).

El cuarto grupo sería el integrado por la semiótica y la lingüística. La primera de ellas ha sido, normalmente, concebida como una herramienta de análisis, aunque aquí se presenta como campo de estudio (Vidales Gonzales, 2008: 345) y como punto de vista, más que como método (ibid: 374). Tras desarrollar las fases de esta fuente hasta llegar a la semiótica hoy, Vidales Gonzales (2008: 387) valora que en comunicación no se ha hecho uso de la semiótica como tal, sino más bien se han utilizado "algunos conceptos devenidos del campo semiótico que han sido usados como elementos de análisis para determinados objetos de estudio o procesos comunicativos". Para el autor, falta pensar a la comunicación semióticamente y no habría teoría semiótica en el campo comunicológico. De la lingüística cabe recuperarlo todo, puesto que es una de las fuentes menos presentes en comunicología (Karam, 2008: 409).

Finalmente, la cibernética, desarrollada a lo largo de tres fases (primera cibernética, cibernética de segundo orden y sistema social) (Aguirre, 2008: 478), tradición que es posible que aumente su presencia en el campo, debido a la transición en la que nos encontramos inmersos desde el canal a la red.

Definitivamente, esta obra pone de manifiesto las carencias del campo comunicológico, carencias por la simplificación con la que en ocasiones se han interpretado a las teorías de las distintas tradiciones (funcionalistas, críticas, fenomenológicas…), pero carencia también por el olvido de corrientes que tienen mucho que aportar a la ciencia de la comunicación. La obra podría, pues, interpretarse como un libro crítico. Pero no es tal. Es una iniciativa de creación, de construcción, de perfeccionamiento del campo comunicológico. Es esta obra un reflejo de lo que somos y de cómo hemos llegado a ser lo que somos. De esta manera, es el momento de que ahora, ahora que somos capaces de percibir fidedignamente nuestra propia imagen, cambiemos aquello que no nos gusta, y añadamos aquello otro que nos fascine y sirva para dar buena cuenta del mundo y el hombre del siglo XXI.
 
 
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