|
|
 |
|
BOYD-BARRETT, Oliver (eds.)
Communications Media, Globalization, and Empire
Eastleigh (UK): John Libbey Publishing, 2006.-248 páginas.
Autor/a comentario:
Núria Almirón
Universitat Autònoma de Barcelona |
 |
 |
|
Communications Media, Globalization, and Empire |
 |
 |
 |
Como acostumbra a suceder con los volúmenes que agrupan diversidad de autores de procedencias y culturas dispares, Communications Media, Globalization, and Empire es una obra desigual que no siempre alcanza lo que la campaña de promoción del libro asegura, una “análisis crítica de la economía política de los medios de comunicación al mundo”, pero de lo que tampoco se puede decir que merezca la pena sólo por unos pocos artículos. Más de la mitad de los textos son aportaciones originales y ilustradores que mantienen una perspectiva crítica en todo momento constructiva, gracias a la elección del editor, Oliver Boyd-Barrett, profesor de la School of Communicatons Studies en la Bowling Green State University de Ohio, que los incorpora en un índice formado por 14 aportaciones.
El volumen está dividido en cuatro grandes apartados, cuyo contenido no siempre es homogéneo ni coherente pero que, en definitiva, pretenden agrupar los textos en función de su generalidad o especificidad. Los grandes bloques abarcados son la globalización, la regulación, el estudio de casos (China, India, Europa del Este, mercado hispano) y la industria de la publicidad y de las relaciones públicas. La columna vertebral que une todos los textos es el impacto de la globalización sobre las industries culturales y el nuevo imperialismo que se pueda derivar, a pesar de que no todos los autores comparten la misma sensibilidad al respeto.
A criterio de quién esto suscribe —en función de su rigor, originalidad y coherencia—, excelentes son los textos del propio editor sobre globalización, TICS e imperialismo; así como el de Toby Miller y Richard Maxwell, sobre la industria del cine; el de Granville Williams sobre el lobbying corporativo; el de Anshu Chatterjee sobre la economía política del audiovisual público en la India, y los textos sobre la industria publicitaria y de las relaciones públicas de Kwangmi Ko Kim, Izabella Zandberg y Liese L. Hutchison y John J. Pauly. Algunos de ellos son verdaderas perlas de economía política de la comunicación, otros representan una perspectiva más de sociología crítica y otros son simplemente muy afinadas descripciones que ponen de manifiesto tanto la complejidad como la contradicción. Y eso es precisamente lo que los diferencia del resto de textos del volumen, más superficiales y con un planteamiento más neomercantilista. Porque lejos de tratarse de una dicotomía meramente ideológica, como algunos insisten en vender (planteamientos marxistas versus planteamientos liberales), se trata de una cuestión de sensibilidad intelectual y moral. Denunciar sólo la contradicción sin atender a la complejidad es inoperante, pero explicarlo todo por la complejidad sin atender a las contradicciones generadas es mucho más que inoperante, es poco honesto.
De los mejores textos destacan algunas ideas especialmente bien estructuradas y defendidas. Boyd-Barret hace en su artículo una contundente reivindicación de la adecuación del concepto "media imperialism" para estudiar el dominio norteamericano también en el ámbito de las TIC y aporta una profusión de datos para demostrarlo. Miller y Maxwell desmontan meticulosamente el tópico que la industria cinematográfica norteamericana se ha impuesto en el mundo gracias a que ha sido el más competitivo, y en un análisis de pura economía política demuestran que ha sido el apoyo financiero público, de los diferentes gobiernos federales y estatales de los EE.UU., lo que ha permitido en Hollywood erigirse en la industria dominante en el mundo. Williams ofrece un análisis imprescindible del papel que el "corporate lobbying" ha tenido y mantiene en el ataque a la televisión pública y de cómo esta presión ha mandado en el fenómeno desregulador y las políticas públicas -y nos ofrece datos muy ilustradores no sólo para los EE.UU. sino también de la presión corporativa ejercida en este ámbito en la Unión Europea-. Como ilustradora es la descripción de Chatterjee de la evolución histórica de la política audiovisual india, entroncada con la historia del país, y de las particulares consecuencias que eso genera en la estructura audiovisual nacional. Ko Kim confirma, para el mercado asiático, cómo la globalización ha supuesto más concentración para se la industria de la publicidad transnacional poniendo en entredicho los supuestos beneficios a nivel corporativo local de la misma.
Zandberg, por su parte, nos enfrenta a una realidad implacable: la de la industria de la publicidad como introductora determinante de la ideología del consumismo del libre mercado. La globalización de la industria publicitaria, junto con el capital financiero, explica Zandberg, ha sido un factor central de impulso a la globalización, entendimiento ésta como la intensificación de la interacción humana acompañada de "la promoción de una agenda política y económica neoliberal". Hutchison y Pauly presentan una reflexión sin propuestas pero muy interesante en su análisis de las contradicciones inherentes a la industria de las relaciones públicas, que mantiene abierto el debate sobre los objetivos éticos y sociales de la profesión.
El volumen también incluye un capítulo de Graham Murdock, que bajo el título “Cosmopolitans and Conquistadors” hace una reflexión sobre imperios, naciones y progreso donde defiende que la visión dual de la globalización como un proyecto cosmopolita o como una actividad de conquista ya se encontraba reflejada a los escritos de Kant. Y reanudando el ideario de este filósofo presenta Internet como impulsora de una tercera fuerza, el cosmopolitismo crítico, en la que hi pone inopinadamente todas las esperanzas. Masas e injustificadas, a nuestro parecer.
De los textos restantes, menos logrados, el comparativamente peor es el de la profesora de la Universidad de Navarra Mercedes Medina, sobre el mercado hispánico, con una defensa de los supuestos efectos positivos de la globalización que obvia las contradicciones inherentes en su análisis de si la lengua castellana genera un mercado globalizado diferente a la mundialización anglosajona.
La respuesta es, obviamente, negativa, pero la autora aprovecha para poner en entredicho la utilidad del término "imperialismo" y la capacidad de la teoría crítica para analizar el fenómeno globalizador, al mismo tiempo que evita abordar los desequilibrios generados por el fenómeno en latinoamérica y las prácticas imperialistas de las empresas españolas allí. Medina no está sola en el volumen que coordina Boyd-Barret en esta inargumentada defensa del ideario neoliberal para estudiar la globalización comunicativa, pero no es en absoluto representativa del valor intrínseco de una compilación que proporciona valiosos y abundantes elementos para desautorizar un poco más las tesis de los que han hecho del mercado una religión. |
| |
 |
| |
 |
 |
 |
|