Portal de la Comunicación InCom-UAB: El portal de los estudios de comunicación Portal de la Comunicación InCom-UAB: El portal de los estudios de comunicación Portal de la Comunicación InCom-UAB: El portal de los estudios de comunicación
Parte 1: Usos y posibilidades de las nuevas tecnologías de la información en la educación
Parte 2: Políticas públicas en los países latinoamericanos
Parte 3: Jóvenes y medios de comunicación
Parte 4: Retos de la displina de la Comunicación
Parte 5: La investigación en comunicación en América Latina. Perspectiva histórica y prospectivas de futuro
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Delia Crovi
Investigadora mexicana especializada en Comunicación y Educación a través de las nuevas tecnologias de la información.
Políticas públicas, TIC e investigación en América Latina. Una mirada desde México
Parte 1: Usos y posibilidades de las nuevas tecnologías de la información en la educación
  Para empezar la entrevista me gustaría plantear dos problemáticas, a través de dos preguntas. La primera: ¿Cómo advierte la relación entre la educación y las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), en el sentido de que se están creando "nuevos" agentes sociales? Y la segunda. ¿Se están usando todas las formas de comunicación que ofrecen las nuevas tecnologías de la información en la educación?

Hasta el momento y en muchos casos, en América Latina tenemos que lamentar que las nuevas tecnologías están siendo utilizadas bajo la lógica económica y por lo tanto son percibidas sólo como un nicho de mercado. Sin embargo, me parece que un análisis más fino de la situación define esta problemática en varios campos.

Se ha hablado mucho de la brecha digital y este es un concepto que también está presente en la educación. En el ámbito universitario, tenemos por un lado algunas instituciones públicas que frente a las privadas tienen una infraestructura tecnológica deficiente, y por lo tanto, una menor incorporación de las TIC a los modelos de enseñanza-aprendizaje y otras actividades de extensión vinculadas con la educación. Esta situación es consecuencia de la notoria disminución en los presupuestos que experimentan esas instituciones de educación superior. Como contraparte, están algunas universidades privadas montadas en torno a una sofisticada infraestructura tecnológica para los servicios educativos. Sin embargo, en estos casos el uso de la tecnología suele ser entendido como un fin en si mismo y no como un medio para mejorar la calidad de las acciones educativas. Allí es donde podemos detectar la emergencia de nuevos agentes sociales o nuevos proveedores educativos ligados a las corporaciones o a intereses específicos.

El determinismo tecnológico violenta la idea de que la tecnología constituye un apoyo para la educación, convirtiéndose justamente en lo contrario. En muchos casos las sofisticadas plataformas tecnológicas empleadas en los procesos de enseñanza, se perciben como el punto de llegada y no como el punto de partida hacia la creación de nuevos espacios de aprendizaje. La búsqueda de la hiper-especialización en la infraestructura tecnológica, deja en un segundo plano el interés en los contenidos educativos, con lo cual relegan la construcción del conocimiento. En este contexto, es importante destacar la importancia de las universidades en la distribución social del conocimiento, científico y socialmente legitimado. Sin embargo, las que destacan son aquellas capaces de ejercer sus tres funciones primordiales: educar, investigar y divulgar, ya que son las únicas llamadas a legitimar el saber dentro de una sociedad atravesada por la incertidumbre debido a la incapacidad de los ciudadanos para discernir, valorar y jerarquizar entre el gran volumen de información disponible. Este tipo de instituciones de educación superior alimentan una Sociedad de la Información y el Conocimiento colectiva, comunitaria y participativa, en lugar de una fragmentada por un nuevo orden de exclusiones.

Ahora bien, en cuanto al carácter social del uso de las TIC en el ámbito educativo, pienso que habría que replantear la idea de lo que en algún momento se definió como educación no formal. Ahí es donde están llamadas a presentar una diferencia sustancial frente al pasado, pues éstas son realmente efectivas para fomentar la interacción en un contexto de comunicación mediada por tecnologías. Frente a los esquemas unidireccionales de generaciones tecnológicas anteriores, las innovaciones tecnológicas permiten un nuevo tipo de relaciones entre maestro-alumno y son un instrumento de la educación permanente.

En América Latina hay programas educativos cuyas características responden a las condiciones establecidas por organismos internacionales (UNESCO, Banco Mundial, OCDE, etc.) cuyo propósito central es superar la brecha digital. Del cumplimiento de estas condiciones depende incluso, la entrega de subsidios o préstamos de esos mismos organismos. Tales programas se caracterizan básicamente, por su perspectiva determinista frente a lo tecnológico: la tecnología es capaz de salvar las enormes diferencias y rezagos que tenemos frente a los países desarrollados. Se caracterizan también porque esta perspectiva los conduce, en la mayoría de los casos, a una especie de vía muerta: no se cancelan, sino que van perdiendo su perfil, su importancia, repercusión y continuidad, al no responder a las necesidades educativas regionales.

Por ejemplo, en el caso específico de México se impulsó el sistema nacional e-México como un programa novedoso, dotado de una fuerte base tecnológica para llegar a comunidades apartadas. Se inició con un perfil alto en la agenda de los medios, pero la falta de resultados concretos lo condujeron a situarse en un nivel de escasa repercusión social y mediática. e-México puede definirse como una gran promesa incumplida que, poco a poco, de un programa pasó a ser un portal con escaso interés para los usuarios meta. No constituyó el eje de una política pública en torno al uso de las TIC en educación, sino que fue y es un programa de gobierno, cuya carta de presentación y metas son bastante más amplias que los avances logrados hasta el momento.

Me parece que este tipo de programas gubernamentales terminan siendo, en el mejor de los casos, programas de escritorio, o sea planteados desde una perspectiva política de corto plazo que busca solucionar ciertos aspectos, pero sin una participación real de los usuarios. Responden sólo a necesidades inmediatas pero no contribuyen a formar usuarios más activos, que además tienen necesidades y problemas específicos, en espacios geográficos muy concretos.

Para formar nuevos actores sociales, activos y críticos frente a las TIC, el punto de partida es concebir a esas innovaciones como una posibilidad real para dinamizar el vínculo entre los distintos grupos sociales o entre diferentes actores del proyecto educativo. Antes debe realizarse una tarea de reconfiguración del tejido social y la generación de capital social, capital económico y capital cultural, lo que luego podrá conjuntarse con las potencialidades que nos presentan hoy en día las TIC, entendiéndolas siempre como una mediación y no como un fin en sí mismas.

Para ilustrar la forma en que pensamos a las TIC, vale la pena recordar la experiencia en México de un grupo de pequeños productores de miel. Ellos cuentan con una infraestructura importante para producir miel, una vinculación fuerte al interior del grupo, una profesionalización en su producción y, después, utilizan la tecnología para poder complementar sus actividades de relación. En este caso utilizan de forma adecuada las TIC (concretamente Internet) para comercializar su producto, lo que potencia su distribución, pero parten de una producción organizada. Las TIC sólo son efectivas como canales de comunicación para llegar a más consumidores.

Sin embargo, algunos de los programas diseñados para fomentar el uso y la apropiación de las TIC, dependen del clientelismo político, de intereses económicos o también de las relaciones de poder que se dan entre los distintos sectores de nuestras sociedades. Ello nos aleja de las posibilidades de aprovechar realmente los beneficios que podrían dar las nuevas tecnologías en programas como el mencionado, del sector productivo. Pienso que una de las dimensiones importantes de la brecha digital, además del capital cultural y las habilidades informáticas de los usuarios, es la voluntad política de los gobiernos para generar las circunstancias que permitan un uso democrático entre los ciudadanos.

Insisto, seguir impulsando programas de educación continua permitiría desarrollar ciertas habilidades, competencias y destrezas, así como dar pautas para conocer informaciones prácticas que inciden en la realidad de los individuos. A la larga esta movilización de los saberes lleva a compartirlos, que es el propósito de la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Los canales comunicativos que potencian las TIC son indispensables para contribuir a solucionar algunos problemas concretos en lugares específicos.
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  Entrevista realizada en exclusiva para el Portal de la Comunicación InCom-UAB por Rodrigo Gómez. Marzo, 2006.
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